Un
reciente estudio realizado por el Centro de Sustentabilidad de la
Universidad Andrés Bello determinó que Osorno, Temuco, Rancagua y
Concepción están por sobre los niveles de contaminación de
Santiago. Polución producida por la quema de leña que es el
combustible estrella de los inviernos sureños.
El estudio
en cuestión puede ser cuestionado por sus metodologías y sus
resultados, pues no es lo mismo una medición de contaminantes en
Concepción que en Temuco. En la capital penquista, el humo dura lo
que demore en llegar la primera brisa costera, en Temuco simplemente
no la hay. Pero una cosa es cierta, este y otros trabajos más los
partes de prensa que durante estos meses abordan la problemática
revelan un hecho evidente durante todos los inviernos desde Santiago
al Sur.
El uso
intensivo de leña como combustible de calefacción. En ausencia de
una mejor posibilidad de calefacción, la combustión a leña es la
predominante, es la más barata y la que mejor rendimiento entrega.
Además,
queda en evidencia un aspecto muy importante, la total ausencia de
una cultura del frío, de saber cohabitar con el frío. En el sur de
Chile los inviernos son húmedos y fríos, en algunas partes muy
fríos. En Lonquimay por ejemplo, a no más de 300 km de Concepción,
en invierno se puede llegar fácilmente a los -25º Celsius y,
prácticamente no existen viviendas bien adaptadas para esos crueles
fríos.
Y un
último punto que no es menor, actualmente en el mercado no existe
ningún sistema de combustión a leña que sea realmente eficiente.
Ni la mejor estufa a combustión lenta es realmente de combustión
eficiente. Ni hablar de los sistemas de calefacción ambientalmente
amigables, pues son exorbitantemente caros. Una casa de tamaño
promedio con sistema de calefacción por radiadores de agua caliente
cuesta del orden de los 2,8 millones de pesos ( US $ 5.600) su
instalación y una factura mensual de gas del orden de los 80 mil a
300 mil pesos (US $ 162 a US$ 600). Sólo costeables por los más
pudientes.
Históricamente
el producto estrella de la calefacción de los hogares fue el
brasero, un recipiente con brasas encendidas de carbón, altamente
contaminante e ineficiente. Hasta bien avanzado el siglo XIX, los
braseros fueron el estándar de calefacción desde la choza más
humilde hasta el palacio más refinado. No por nada María Graham,
una viajera y escritora inglesa llegó a decir que era más factible
de encontrar un cálido hogar en invierno en la humilde casa de un
pescador escocés que en un acaudalado palacio de Santiago.
Luego la
influencia del cine y las revistas más que la funcionalidad puso de
moda las estufas murales, esas chimeneas de postales, donde la única
gracia que poseen es que te asan el frente y te congelan la espalda.
En materia de calefacción son la ineficiencia elevada a su máxima
expresión, pero estéticamente muy hermosas.
De este
modo la ausencia de una cultura del frío tradicionalmente se ha
manifestado en casas mal orientadas, mal aisladas y mal equipadas.
Una vivienda correctamente orientada al sol y con amplios ventanales
mejora radicalmente su climatización, de hecho existe toda una
corriente en la arquitectura en torno a esta materia, la
bioclimatización. De la aislación del frío ni hablar,
prácticamente es un problema transversal, es raro ver una casa que
haya sido correctamente planteada y construida en esto, pues lo
normal es sacrificar la calidad de materiales para abaratar costos.
Un ejemplo
que refleja muy bien esta ausencia de una cultura en torno al frío,
lo tenemos en la fuerte cultura sísmica presente, lo que se traduce
en construcciones reforzadas y firmes. En Chile, hasta la casa más
humilde esta construida para resistir un terremoto, pero es
totalmente vulnerable al frío.
Como el
problema del frío y la subsecuente contaminación por quema de leña
como combustible solo se podría resolver parcialmente en el largo
plazo, tal vez en generaciones incluso. En el corto plazo apuesto a
un cambio radical de tecnología en materia de estufas y de quema de
leña como una solución real al problema del combate al frío y la
contaminación resultante.
Conocidas
mundialmente como estufas rusas o estufas suecas, con variantes en
Alemania (conocidas como Kachelofen), Canáda y Estados Unidos, son
un tipo de estufas de combustión lenta, pero de verdad, son
realmente de combustión lenta y de alto rendimiento. En estos
aparatos, el humo se va quemando en una serie de vueltas, hasta salir
al exterior, así en tres, cuatro o más vueltas los humos van
completando la combustión y de paso van calentando una masa de
mampostería que retiene el calor durante horas y lo va liberando
paulatinamente. Idealmente deben ser construidas con ladrillo
refractario, pero en ausencia de este es posible construirlas con
ladrillo simple o de piedras, estéticamente son muy hermosas y el
estándar y la técnica se ha desarrollado a tal punto que hoy es
posible de ver verdaderos centros de cocina (estufa, horno y cocina)
integrados en esta modalidad.
Al inicio
son lentas en calentar, luego de 2 horas (en promedio) de encendido
comienzan a irradiar calor, pero una vez calentadas pueden estar
durante horas temperando un hogar, pues también son lentas en
enfriarse. Dada su combustión realmente lenta, consumen la mayoría
de los gases presentes en el humo lo que se traduce en muy bajos
niveles de contaminación final, y muy bajo consumo de leña y alto
poder calórico. De ahí que se las conocen igualmente como estufas
de alto rendimiento, pues realmente lo son.
Hace falta
generar poco a poco una cultura en torno al frío, como parte de esta
acción las estufas de alto rendimiento debieran ser en el futuro
próximo parte del estándar de calefacción por leña en espera del
desarrollo más competitivo de otros sistemas mejores aún como la
geotermia por ejemplo. Por otra parte se debe hacer hincapié
en mejorar el estándar de aislación térmica en los hogares y de
los materiales a utilizar, incorporar como un tema estratégico la
orientación del hogar.
Más información en Blog Estufas y Chimeneas.

