De cómo las
comunas pobres subsidian la comodidad de las comunas del nororiente.
Del costo de
oportunidad no cobrado y no pagado por el
tiempo perdido en traslado hacia el trabajo.
Santiago, para su tamaño y cantidad de habitantes necesita un sistema
multimodal de transporte y como mínimo unas 5 líneas más de metro, más
una red de tranvías (que en rigor son como un hibrido entre el metro y
el bus, pero mucho más barato que una red de metro).
Pero lo
más importante, Santiago necesita rediseñar las dinámicas de interacción
productiva y laboral entre sus comunas. Es insoportable que una
veintena de comunas periféricas sostengan y abastezcan diariamente de
mano de obra a un grupo de 3 o 5 comunas en un extremo de la urbe, que
curiosamente acumulan el grueso de la riqueza del país.
Santiago es esclavo de su propia historia y de su propia cultura
“aristocrática” (sin haber aristócratas), ahora lo que vemos es el peso
de las consecuencias, que para colmo, en esta dinámica son los más
pobres quienes con su carga de 2 a 4 horas de viaje diarios le
subsidian la comodidad a las comunas del extremo nororiente.
Dicho de otro modo, la comodidad que goza un sujeto en las comunas del
nororiente es gracias al costo de oportunidad, no cobrado y no pagado
de horas muertas en miles y miles de viajes con que los sujetos de las
otras comunas subsidian a los de cota mil.
En conclusión,
Santiago luce una estructura de interacción urbana colonialista con sus
propios habitantes, gracias a que la elite nunca ha dejado se der un
mugrón colonial. Pero lo que ya es insoportable, es que las soluciones
(de parche) al problema en Santiago, nos cuesta la plata de todas las
regiones.